La historia de su vida

Gila nació en el barrio madrileño de Chamberí. Huérfano de padre a temprana edad y con dificultades económicas en su hogar, abandonó los estudios a los 13 años. Su primer trabajo fue de pintor de coches. Retomó sus estudios hasta el segundo grado de aprendiz de mecánica de aviación, y trabajó en los Talleres Elizalde de Barcelona. Posteriormente fue fresador en Construcciones Aeronáuticas SA (CASA), en Getafe.

Al estallar la Guerra Civil, como militante de las Juventudes Socialistas Unificadas se alistó como voluntario en julio de 1936 en el Quinto Regimiento de Líster.En Valsequillo (Córdoba) fue puesto frente a un pelotón de ejecución y logró salvar la vida. El fusilamiento se produjo al anochecer de un día lluvioso y los integrantes del piquete estaban borrachos, por lo que no le acertaron los disparos. Gila se hizo el muerto y logró sobrevivir.Poco después, en diciembre de 1938, fue hecho prisionero e internado hasta mayo de 1939 en un campo de prisioneros, donde coincidió con el poeta Miguel Hernández. Pasó después por los penales de Yeserías, Carabanchel y Torrijos, y a continuación cumplió un servicio militar de cuatro años.

Empezó su trabajo como humorista gráfico en “La Exedra'”, revista editada en Salamanca por un grupo de universitarios hacia los años 1943 y 1944 y, más tarde, en La Codorniz y en Hermano Lobo; pero, según su autobiografía, el éxito le llegó en 1951, cuando actuó en Madrid como espontáneo en el teatro de Fontalba, donde contó un improvisado monólogo sobre su experiencia como voluntario en una guerra. En la década de 1950, actuó en la radio.En 1968, se “exilió” para huir de una paternidad no reconocida, fijando su residencia en la ciudad argentina de Buenos Aires. Allí puso en marcha una compañía de teatro y la revista satírica “La gallina”, también se destacó por sus actuaciones unipersonales en el programa Sábados circulares. Hizo varias giras por toda Latinoamérica, incluyendo Venezuela, donde participó en el programa de humor “Radio Rochela” en Radio Caracas Televisión, invitado por Tito Martínez del Box, y desde 1977 realizó giras también por España. Regresó definitivamente a España en 1985.

El modo más frecuente de expresar su humor era mediante diálogos figurados (en realidad monólogos) al teléfono, cuyo costumbrismo ingenuo lindaba a veces con el surrealismo. En sus monólogos, cabe destacar que no utilizaba palabras malsonantes o polémicas. En tales fingidos diálogos telefónicos tenía una muletilla que se ha hecho famosa: tras preguntar por su supuesto interlocutor, Gila decía “¡que se ponga!”.

Falleció en 2001 en Barcelona, a causa de una insuficiencia respiratoria debida a una enfermedad pulmonar crónica que sufría.

"Gila"